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¿Cuánto cuesta el dibujito?

En esta ocasión vamos  a hacer un breve ejercicio de imaginación, y les contaré una historia de amor y desamor arquitectónico.

(Todos los nombres de personajes, lugares y situaciones son imaginarios y sin afán de afectar o agredir a nadie)

Don Julián es un hombre de negocios, un comerciante que ha pasado la mayor parte de su vida trabajando por un mejor futuro para el, para sus hijos y los hijos de estos, es una persona que cree firmemente en el poder de la voluntad y se jacta de poder reconocer una buena oportunidad cuando la ve, sabe perfectamente que en esta vida todo es negociable, y que el mejor precio que uno obtiene viene después de una frase acuñada desde tiempos ancestrales que suena más o menos asi: “y que… ¿ya es lo menos?”.

…sabe perfectamente que en esta vida todo es negociable, y que el mejor precio que uno obtiene viene después de una frase acuñada desde tiempos ancestrales que suena más o menos asi: “y que… ¿ya es lo menos?”.

Como mucha gente que le ha costado trabajo la vida, tiene a su gente de confianza, gente que ha estado con él en las buenas y en las malas, uno de estos es el maestro Pancho, un alegre y jovial albañil que sabe que en su vida y profesión nunca debe decirle No a absolutamente nada, por tanto es un catalogo infinito de servicios, mismos que van desde su fuerte que sería la albañilería, pasando por electricidad, plomería, herrería, y lo que venga.

Don Julián decide que es momento de apoyar a sus hijos con sus casas, y darles aquello que el nunca pudo, hace ya algún tiempo compro unos terrenos en una zona de nuevo desarrollo, donde tuvo la fortuna de comprar en buen tiempo, ahora valen más y la mancha urbana los devoró y doto de todos los servicios para no sufrir penurias, que sería de la vida sin internet. Le comentó a su fiel Pancho su idea de construirles una casa a sus hijos y así echarles la mano para lo que viniera, al fin y al cabo son propiedades, que no se devalúan y en el peor de los casos, las puede vender. Panchito como era de esperarse le dijo que el sabía y que el sobrino de su compadre está estudiando Arquitectura, que por el dibujito no se preocupara, pero que obviamente él esperaba que la obra se la diera a ellos. Como decirle que No a esta persona que inclusive iba a regalarle el proyecto.

Pancho, como era de esperarse por aquí fue terminada la plática con su patrón levanto el nokia 3320  y marco a su compadre “Bili”, Biliberto para los no tan allegados, le preguntó que si su sobrino “El Güero” seguía estudiando o si ya había acabado porque le tenía un trabajito, el buen Billi, quien también está capacitando para nunca decir que No, de inmediato le marco al sobrino, para concretar una cita. Quedarían de verse el próximo sábado en casa del tío, y a él le tocaba llevar las frías.

Mientras todo esto sucedía, Don Julián se paseaba por el futuro fraccionamiento de sus hijos, veía y tomaba ideas de cosas que le gustaban y de las que no, si la fachada de la casa  de la cerrada que seguía tenía la piedra que le gustaba, o si tenían o no fuente en la entrada, que resultaba ser una añoranza personal que nunca pudo tener, en una de estas visitas, fuera de una de las casas aún en construcción, se topa con María, una joven arquitecta con 5 años de experiencia, había ido a revisar su obra y a hacer los pagos de la semana de los trabajadores; ella al ver al extraño en su obra le pregunta en que podía ayudarlo, y Don Julián le pregunta si esa casa la vendían y cuánto? Ella le contesta que esa casa era para un cliente particular, le ofreció su tarjeta de presentación y le ofreció sus servicios, por los que había invertido 5 años de su vida y probablemente haya bajado sus expectativas de vida 10 años entre café, desveladas y otras mal pasadas. Don Julián de una manera muy educada y sin comprometerse a nada, tomó la tarjeta, siguió revisando los detalles de la casa, le había impactado una doble altura que había en la sala y de reojo seguía platicando, él sabe que el arte de negociar radica en no hacer contacto visual intenso, hacer preguntas ocasionales y que vean que aunque estés interesado no es tu prioridad y puedes en cualquier momento dar vuelta e irte. María ya está acostumbrada a esto, ella sabe que quizás sea un pedazo de papel más que acaba de regalarle a un bote de basura o al fondo de un cajón,  trata desesperada de enseñarle los detalles más bonitos de su trabajo, para convencer al cliente de darle una oportunidad, solo eso, una oportunidad de ver su trabajo. En su celular le muestra su portafolio de proyectos, y el cliente apenas de reojo ve más de 30 proyectos, quizás de esos 5 construidos y quizás siendo positivos 2 de esos cobró el proyecto.

“…le ofreció su tarjeta de presentación y le ofreció sus servicios, por los que había invertido 5 años de su vida y probablemente haya bajado sus expectativas de vida 10 años entre café, desveladas y otras mal pasadas.”

El cliente se retira, sin prometer nada, sin embargo algo en su percepción ha cambiado, vio espacios iluminados, vio una cocina amplia como la que siempre le pidió su esposa, vio inclusive lámparas simétricas y no el timbiriche mal hecho que tiene en la suya, no vio un solo cable ni siquiera el de la televisión por el que el técnico de SKY  perforó 5 muros para llegar a su recámara, vio materiales diferentes de los cuales no sabía el nombre, no vio humedades, vio ventanas que corrían sin que se escuchara el chirriar del metal, en fin, ahora está preguntándose cuanto vale el trabajo de esa “niña”, y si tiene la experiencia para confiarle su dinero.

El sábado saliendo de la obra en turno Pancho se dirige a casa de su compadre, durante las casi 2 horas que le toma llegar a su casa, va pensando en lo que le va a decir al “chavo” y lo que le va  a ofrecer en caso de que decida ayudarlo con el trabajo, esta angustiado de saber si su compadre le va a pedir alguna mochada¹ y en tal caso de que manera esconderlo en el precio que le den a su patrón. Finalmente llega, ya están esperándolo con las caguamas, después de ir encerrado en la batea de una pick-up con una techo tipo cabina adaptado con otros 15, es una bendición ver esas botellas; al principio como era de esperarse, nadie suelta un comentario respecto al trabajo, han pasado casi 4 horas platicando de los familiares y conocidos en común, el “Güero”, se mueve impaciente en su silla, está esperando la primera señal que le haga su tío para ponerse vivo², y ya al calor de unas copas, Panchito suelta la sopa, se trata de 2 casas que hay que construir, pero “…como son muy fresas en el fraccionamiento donde quiere construir su patrón, a fuerza le están pidiendo permisos, y los mapas dibujos  de la casa.”. Brandon, nombre real del “Güero”,  había dejado la universidad, quedando trunca la carrera por ahí del 4 o 5 semestre, se jactaba de ser muy bueno en el autoCa’ y que era de los mejores de la oficina del “inge”, hoy en día trabajaba dibujando planos en una empresa constructora que se especializaba en naves industriales, pero confesaba que… lo suyo lo suyo, era hacer casas. Esto le bastó a Pancho para saber que había encontrado al indicado, después de un fuerte apretón de manos, $1,500.00 pesotes en caso de que le gustara al cliente, les autorizaran comenzar con la obra y la promesa de una muy buena borrachera en un futuro, habían cerrado el trato, el “Güero”, entregaría en no más de 3 días, los planos (porque para este entonces ya le había explicado que el nombre correcto del dibujito es “plano”), y que no se preocupara, porque esas cosas son muy rápidas.

Brandon llego a su casa, esperó su turno para usar la computadora, y lo primero que hizo fue googlear, “planos casa 2 niveles”, se le iluminó su cara cuando vió que para su fortuna ahí estaba lo que necesitaba y hasta los planos estructurales y de instalaciones tenía, había como dicen: “matado víbora en viernes”; de inmediato le marco a su tío y le dijo que ya había terminado y que necesitaba dinero para las impresiones, que había un lugar por su universidad que las sacaban baratas, el tío pensando que no pasarían por ser copias de 50 centavos, se asombró y pensó que el sobrino le estaba intentando ver la cara cuando le dijo que cada una costaba sobre 20 pesos, obviamente el estaba pensando en impresiones 90×60. El tío le pidió de favor que le prestara y que el siguiente fin de semana se lo reponía. Brandon estaba extasiado, comenzaba a imaginar que haría con ese dinero, saco sus copias con el incidente que aún tenia el pie de plano de quien había subido el proyecto, pero ese no era problema, llegando a su casa cortaría la orilla, la pegaría en uno de los planos del ingeniero y le sacaría una copia, y listo, problema resuelto. En tiempo y forma, entrega el proyecto a Pancho quien a su vez, va con su patrón a enseñarle el proyecto “terminado”, y explicarle que como todo, solo requiere unos ajustes pequeñitos, pero que eso podían hacerlo cuando le dijera donde estaba el terreno, que cuando considerara necesario podía mandar a llamar al “arqui”, para que le explicara como iba a ser la casa.

Don Julián tenía en sus manos, muchos dibujitos, se parecían a los que le habían hecho para su actual casa el primo de su esposa, quien desafortunadamente se había ido a vivir al norte, entendía perfectamente la cantidad de baños, que tenía unas escaleras, y 4 recámaras, incluso veía que se podían estacionar hasta 5 autos, y que tenía cosas que no había contemplado con un estudio, una bodega, un cuarto de máquinas e incluso podrían tener una alberca, y ahí chiquita, justo al centro del jardín una fuente, con varios árboles alrededor, o por lo menos eso decía el plano. Le preguntó a Pancho que cuanto era del proyecto, y él fiel a su palabra, le dijo que no era nada, que siempre y cuando les dieran la obra eso iba por su cuenta. Cuando se retira el maistro, busca la tarjeta de la arquitecta en su cartera, y le marca. María en su departamento, está pensando que hará la siguiente semana, aún faltan 8 días para cobrar un trabajito y está seriamente pensando tomarle la palabra a su padrino de irle a ayudar en su oficina de recepcionista, a final de cuentas tendría chance de seguir trabajando en sus proyectos mientras espera suene el teléfono y es dinero seguro. Empieza a vibrar su celular y extrañada por ser domingo, nadie la busca ese día, revuelve todas las cobijas hasta encontrarlo, es un número que no tiene guardado, contesta curiosa y escucha la voz de Don Julián: – “arquitecta, buenas tardes… noches, nos encontramos en una obra ahí en el fraccionamiento, y me comentó que usted hace proyectos, oiga ¿Cuanto cuesta el dibujito?”

Don Julián: – “arquitecta, buenas tardes… noches, nos encontramos en una obra ahí en el fraccionamiento, y me comentó que usted hace proyectos, oiga ¿Cuanto cuesta el dibujito?”

Habrá Don Julián decidido darle una oportunidad a la arquitecta o habrá decidido darle la obra a su fiel Pancho. Ustedes que harían.

Y aquí haremos una breve reflexión respecto al tema, es que me parece increíble, que un cliente sea capaz de pagar más por cualquier cosa de la casa, que por el dibujito  que permite esas cosas en ella. He visto regatear el proyecto hasta su mínima parte, casi llegando a ser un favor de amigos, o incluso regalando a cambio de la obra; he visto proyectos cercenados con tal de bajar el costo, al final de cuentas, quien necesita tanta información tan insignificante como planos de carpinterías o herrerías, a lo mejor ni las hacen; en fin, y aquí también está la culpa de los arquitectos que acceden, y tanto dañan a la profesión, sí, estoy consciente que nosotros como arquitectos, quizás vendemos el producto más complicado del mundo, podríamos nombrar este producto como: la idea gráfica de la mayor inversión que alguna persona haga quizás en toda su vida. Estoy muy consciente que es una gran responsabilidad, tomar esos recursos  que ha tomado toda la vida juntar o tener la responsabilidad de los compromisos que harán a futuro. Pero también es necesario que el cliente entienda, que es tanto lo que está en juego, que no pueden dárselo a cualquier persona, y quitándonos sentimentalismos de si lo barato sale caro y así, por algo la arquitectura es un arte, por algo nos matamos estudiando y desvelándonos, todo lo anterior con el ideal, de que algún día, las personas que confíen en nuestro talento, disfruten toda la vida con nuestras ideas.

 ¹. mochada: modismo para referirse a  “repartir”, “compartir” algo que es tuyo.

2. ponerse vivo: modismo para referirse “aprovechar una oportunidad”

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